Un estudio realizado por la Universidad de Tupelo (Mississippi), basado en el testimonio de dos mil trescientas veinte voluntarias, da a conocer que tener pelo es el atractivo más importante que la mayoría de las mujeres busca en una pareja (78%), superando otras cualidades como ser alto (5%), tener la voz grave (4%), poseer una cara simétrica (3%) o estar en posesión de todas sus extremidades y dedos (2%), entre otros factores diversos.

Moira Baldini, la científica que ha liderado esta investigación, explica los resultados en clave evolutiva. “Llevamos incorporado un aprendizaje inconsciente desde la época de las cavernas; como herencia de esa época pretérita sabemos que un hombre alto está más preparado para defender a su familia, o que una voz grave aúlla a las bestias”. Preguntada por el magnetismo del cabello, señala que “obviamente un cavernícola sin pelo es una puta broma”. Añade, además, que “un cazador recolector calvo, es, además de presa fácil para las aves rapaces, un desastre biológico, ya que en aquella época no existía el protector solar para la puta calva”.

La doctora Baldini considera que la calvicie es “el mayor drama de nuestro tiempo”, pero matiza, ya que el vello facial, sin ser tan arrolladoramente seductor como el pelo de la cabeza, es muy apreciado por las mujeres. Moira afirma que “la jodida barba es el maquillaje de los tíos”, y que “las mujeres no podemos ponernos una cortina de pelo en el jetapio” para parecer más hermosas. La científica, sin embargo, advierte de la atracción cegadora que causa el pelo, que ha podido constatar en muchas mujeres que participaron en el estudio al referirse a sus parejas con epítetos tan terribles como “lerdos”, “brasas”, “sucios”, “palurdos”… pero “con pelazo”, como atributo que contrarresta, de forma categórica, sus defectos. El 82% de las mujeres encuestadas prefiere formar una familia con un “gañán con pelazo”, frente al 18% que escogería, de forma un tanto excéntrica, un premio Nobel de Economía calvo.

Lo que todos estos rasgos tienen en común es que se relacionan con la aptitud de un hombre como pareja sexual. Estas características evocan la masculinidad y virilidad de un hombre, lo que evolutivamente significa que se busca un hombre que sea bueno para la reproducción y la crianza de una familia; el cabello, y su grado ubérrimo, el “pelazo”, en palabras de la doctora, es “el auténtico motor para la perpetuación de la raza humana”, con una sola excepción: “los pelopos, a su puta casa”, concluye.