Movidos por el más absoluto egoísmo, miles de jóvenes de cientos de ciudades han salido hoy a las calles a decir “basta” a un problema que sí que les afecta, pero creyendo que lo hacen por convicciones morales, según han informado medios de todo el mundo. “Los políticos no están haciendo lo suficiente”, se lamenta desde Adelaida (Australia) Tomás Webster Arbizu, un adolescente de 13 años que, si fuera un anciano a punto de morirse, no se preocuparía nada por el calentamiento global y le daría igual lo que pueda ocurrir en el futuro.

Estos jóvenes, a los que solo les preocupa que la Tierra vaya a ser un páramo inhabitable porque les va a tocar vivir ahí y no porque les interesen realmente el planeta o los osos polares, exigen a los gobiernos que actúen ya ante una amenaza que, dicen, “nos afecta a todos”, aunque saben que en realidad solo les afecta a ellos.

En algunos países, las protestas han sido ya masivas y se han llenado de estudiantes hipócritas que, si tuvieran 50 años y les quedaran 20 años para morirse, no moverían un dedo por esta causa.

“Necesitamos que los adultos se impliquen”, han dicho creyéndose mejores que los adultos y sin ser conscientes, probablemente debido a su inexperiencia e ignorancia, de que si ellos también estuvieran al borde de la muerte no se implicarían por nada y se centrarían en estar en casa con el aire acondicionado a tope.

Al cierre de la edición, y mientras contemplan las fotografías de las movilizaciones con ilusión y condescendencia, millones de adultos de todo el mundo confían en que, cuando en un futuro estos adolescentes crezcan y sean personas maduras, podrán comprender por qué a ciertas edades ya da igual todo.