En cuestión de segundos, nada más coger sitio en la mesa, miles de independentistas que fueron a Madrid a manifestarse abandonaron el secesionismo al probar la primera tapa gratis. “En realidad habían venido unos cincuenta mil independentistas, pero a la manifestación solo fueron dieciocho mil porque el resto estaba tomando tapas gratis”, informan desde el Ayuntamiento de Madrid.

“Los españoles son más generosos de lo que pensábamos”, asegura Ona Puig, masticando a dos carrillos en la terraza de un bar del barrio madrileño de Lavapiés. “Este viaje me ha abierto la mente y cerrado el estómago”, añade. “Siempre he pensado que España nos robaba, hasta que vi que en la cuenta solo nos cobraban las bebidas”, se sincera Roger Guitart. “Ese ha sido el mejor momento de mi vida”, dice emocionado.

Algunos de los manifestantes han vuelto a Cataluña habiendo olvidado el catalán por completo. “Me ha dado muchísima pena tener que volver”, lamenta una señora de Reus, todavía con espuma de la cerveza sobre el labio. “Pedían la independencia porque no sabían que, con una cerveza, les poníamos unas bravas gratis”, explica el camarero de un bar de Chamberí. “Si es que hay que hablar más”, dice.

Al volver hoy a su rutina y comprobar que nadie les sirve tapas gratis en Cataluña, miles de independentistas han vuelto a organizarse para repetir la protesta en Madrid. “Iremos todas las veces que haga falta hasta conseguir nuestro objetivo”, aseguran.