“Supongo que me he pasado media vida huyendo. Pero hace nueve meses dejé de huir. Me instalé en Estambul. Encontré un hogar. Y descubrí en qué consiste tenerlo”. Estas palabras pertenecen a un artículo que publicó el pianista británico James Rhodes en el diario Posta de Turquía hace un año. Dos semanas después, el mismo texto aparecía en las páginas de El País, cambiando Estambul por Madrid. Un periodista descubrió hace meses esta y otras muchas coincidencias hasta desvelar la doble vida de Rhodes, que se dedica a elogiar dos países a la vez, jugando con sus sentimientos.

“Tendríamos que haber sospechado al verle en el anuncio del Banco de Sabadell, resulta que también anuncia bancos turcos y se lo lleva crudo”, comenta un fan muy decepcionado. “Ya era raro que un inglés elogiara España de esta manera, no podía ser verdad”, añade apesadumbrado.

Los españoles han pasado el día con los ojos rojos de llorar y rasgando rabiosos las fotografías del pianista que les ha roto el corazón en mil pedazos. “Realmente llegamos a creer que éramos únicos para él, cómo pudimos ser tan tontos, con lo que hemos vivido ya…”, insisten los ciudadanos, que no quieren ni oír el nombre “del impostor”.

“Su libro se titula Instrumental pero debería llamarse Instrumentalizando, porque es lo que ha hecho con los españoles y con los turcos, que aún no saben nada los pobres”, asegura una toledana que asistía a todos los conciertos “de este embaucador”.

El propio Pedro Sánchez ha sabido que, dos días después de recibir a Rhodes en La Moncloa, el músico fue invitado al palacio de Çankaya, donde charló amigablemente con Recep Tayyip Erdoğan. Sánchez no ha querido comentar nada al respecto pero su entorno confiesa que está “muy afectado”.

James Rhodes se encuentra ilocalizable en estos momentos aunque su editor, Jan Martí, asegura que “sacó billetes para Ucrania, donde es posible que también les esté vendiendo el mismo cuento”.

“Al final, te das cuenta de que con Melendi no estabas tan mal. O con Rosana. Tienen sus cosas pero, al ser españoles, no les queda otro remedio que quererte”, concluye la ciudadanía.