Tu hijo cumple siete años y ha invitado a todos sus amiguitos del cole a una fiesta que lleva meses esperando. Pero claro, hoy es martes y tienes la timba semanal de póker. Saber a cuál de estos dos eventos hay que ir es un dilema al que se enfrentan millones de padres españoles cada día desde hace siglos. Para tratar de arrojar un poco de luz al asunto, hemos enviado a uno de nuestros reporteros a la fiesta de cumpleaños de su hijo y luego a una timba de póker. ¿Cuál de las dos habrá preferido?

Esfuerzo

En una fiesta de cumpleaños infantil hay que esforzarse mucho para aguantar los gritos de los niños borrachos de azúcar. Mantener conversaciones con otros padres puede resultar un infierno. En cambio, las partidas de póker, especialmente aquellas en las que se apuesta muchísimo dinero, se suelen caracterizar por su silencio.

Emoción

Aunque en una fiesta infantil también puedes jugar a cartas y apostar, lo cierto es que los niños tienen muy poco dinero y es difícil que vuelvas a casa con los bolsillos llenos. Además, el riesgo de salir desplumado es muy bajo porque casi todos los niños son incapaces de disimular cuando llevan una buena mano. Por el contrario, en la timba de póker de los martes puedes perder todo lo que tienes, incluso puedes endeudarte y poner en peligro la integridad de tu familia. Hay pocas cosas más emocionantes que eso.

Autosatisfacción

Estar ahí para tu hijo en su día más especial te hará sentir que eres un buen padre, pero al mismo tiempo, no estar ahí para Paco, Guillermo, Beatriz y Mamba te hará sentir que eres un mal amigo. Por otro lado, la satisfacción de ver a tu hijo soplando las velas de la tarta puede equivaler a una pareja o incluso a dobles parejas, pero ni se acerca a lo bien que sienta tener un trío o una escalera en la mano.

Comodidad

En una fiesta infantil tienes que salir a fumar fuera y tienes que estar todo el rato de pie. En una timba de póker estás sentado, fumando y bebiendo güisqui.

Tiempo

La fiesta de cumpleaños de tu hijo empieza a las cinco y acaba a las siete y media: eso son 150 minutos de tu vida que nunca volverán. Una partida de póker es mucho más flexible: empieza a las siete y acaba cuando recuperas lo que has perdido.

Dinero

En una timba de póker puedes llegar sin nada e irte con mucho. Al cumpleaños de tu hijo también puedes llegar sin nada, pero porque apostaste el dinero del regalo de tu hijo el martes pasado y perdiste. Y lo normal es que te vayas sin nada.

Conclusión

Después de haber tenido que organizar una fiesta de cumpleaños a mi hijo cuatro meses después de su verdadera fiesta de cumpleaños para poder realizar este reportaje, y después de haber perdido miles de euros jugando al póker sin saber hacerlo solo porque tenía que realizar este reportaje, mi conclusión es que dos fiestas de cumpleaños en cuatro meses es mucho dinero, sobre todo cuando debes miles de euros a un tal Mamba.