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Comparativa: Avisar a Ramírez de que tiene un trozo de lechuga entre los dientes vs. Dejar que Ramírez haga su presentación con un trozo de lechuga entre los dientes

¿QUÉ PREFIERES?

Ramírez lleva todo el trimestre preparando su presentación ante el cliente más importante de la empresa, pero tiene un trozo de lechuga entre los dientes. El dilema sobre si avisarle o no es tan antiguo como el propio ser humano. Uno de nuestros reporteros ha ido hasta la oficina de Ramírez para dar con la respuesta.

Esfuerzo

Avisar a Ramírez de que tiene un trozo de lechuga entre los dientes requiere hablar con él y pasar el momento incómodo de ayudarle a quitárselo. Por el contrario, si no le avisas, no tienes que esforzarte en absoluto. Simplemente tienes que quedarte parado sin hacer nada.

Emoción

Cuando avisas a Ramírez de que tiene un trozo de lechuga entre los dientes no hay ninguna emoción. Si no le dices nada, la emoción de ver si se da cuenta por las caras de horror de los clientes más importantes de la compañía es enorme.

Autosatisfacción

Si le avisas te sientes bien porque sabes que has hecho un favor a un compañero. Si no le avisas te sientes todavía mejor porque tendrás una historia interesante que contar al resto de la oficina.

Comodidad

Al decirle lo del trozo de lechuga entre los dientes te sentirás muy incómodo. Si te callas y no dices nada, todos los que os encontréis en la sala de reuniones os sentiréis muy incómodos, y la incomodidad compartida se lleva mucho mejor.

Consecuencias

Si le avisas, Ramírez hará una gran presentación y conseguirá cerrar un acuerdo con un cliente muy importante y será ascendido. Si no le avisas, Ramírez no será capaz de cerrar un acuerdo con el cliente, por lo que será despedido y tú serás ascendido.

Tiempo

La presentación de Ramírez dura 90 minutos con lechuga o sin lechuga. La única diferencia es que, con lechuga, el tiempo pasa mucho más rápido porque no podrás parar de reírte.

Precio

Ser buen compañero tiene mucho valor, pero llorar de risa en horario laboral viendo hacer el ridículo al pelota de Ramírez es impagable.

Conclusión

Después de haber acudido a una presentación en la que Ramírez tenía un trozo de lechuga entre los dientes y a otra en la que no tenía nada, mi conclusión es que yo debería haberme mirado en el espejo antes de entrar y limpiarme el tomate de la barba porque todos se han estado riendo de mí.