En medio de la oficina y sin importarle la presencia de sus compañeros, Miguel Antúnez, un joven de 28 años que lleva unos días resfriado, se ha quedado mirando el pañuelo después de sonarse los mocos como si tuviera delante un cuadro de El Bosco. “Es una obra de contenido simbólico sobre la que se ofrecen variadas interpretaciones”, ha dicho en referencia a sus mocos vertidos sobre el papel.

Durante un tiempo considerable, Antúnez ha estado contemplando la heterogénea estructura de piezas que ha plasmado sobre el pañuelo en una muestra de esmero y cuidado, y donde se encuentra una expresión máxima de la creatividad y la mente caótica del hombre resfriado. “Sin duda se trata de un resultado diverso y provocador, enigmático, codificado y de intrincada lectura”, ha expresado con absoluta admiración. “Hay mucosidad de diferentes épocas de la semana”, ha añadido al comprobar que algunos mocos ya se encontraban secos, aportando al conjunto un carácter matérico claramente inspirado en Antoni Tàpies.

Algunos de sus compañeros han empezado a hacer cola detrás de él arrastrados por la curiosidad. “Resulta significativa la aparición de figuras oscuras, quizá haciéndonos ver que el pecado es algo universal para cualquier etnia o grupo social”, ha dicho Ismael, responsable de Facturación, en referencia a una zona de mocos más oscuros, incluso sanguinolentos, en la parte superior del pañuelo. “Hay violencia, no todo son praderas verdes e idílicas”, reconocía.

“Según se mire, el pañuelo parece cargado de referencias fantaseosas, onirismo y reflexión moral que forman parte de un universo conceptual, de un cosmos pictórico”, ha explicado Antúnez a sus compañeros. “Los cuatro círculos restantes muestran claramente las Postrimetrías”, ha aseverado mientras señalaba una zona del papel humedecida por varias flemas.

Al cierre de la edición, y tras guardarse el pañuelo en el bosillo, fuentes cercanas a la oficina afirman que Antúnez se ha quedado mucho tiempo encerrado en el lavabo, probablemente contemplando un trozo de papel higiénico después de limpiarse el culo. “Estoy en disposición de decir que esta es mi obra más madura”, habría llegado a confesar a alguno de sus compañeros.