Esta mañana, después de ponerse los guantes de plástico y meter a la criatura dentro de una bolsita transparente, Jorge Ibarburu ha pesado a su bebé de tres meses en la báscula de la frutería de un establecimiento de la cadena Mercadona situado en Vitoria. Su objetivo era “ahorrarme una visita al pediatra, que nos dijo que había que controlarle el peso”.

La operación ha pasado desapercibida entre la clientela, acostumbrada a que en los supermercados vendan ya de todo y consciente de que el mercado de los vientres de alquiler está al alza. “Se me han acercado dos señoras para decirme que ahora la fruta te la pesan en caja, pero yo no le doy mi niño a cualquiera, quiero encargarme yo”, argumenta el padre. “Le he tenido que aclarar al cajero que el niño no llevaba código de barras y que no debía cobrármelo porque es mío”, añade. “Dos bolsas he necesitado, eso sí, porque se ha encabritado y no había forma de encajarlo en la bolsita pequeña”, explica.

Ibarburu está contento con el resultado de su ocurrencia y asegura que repetirá. “Ahora sé que, si mi hijo fuera una pera de agua, valdría siete euros. Este tipo de datos curiosos no te los da el pediatra”, asegura.

El padre valora seriamente regresar a Mercadona y pedir a los de la pescadería que le limpien al niño “porque hacerlo en casa es una murga”.