Rafael Gil, de Madrid, ha llorado de emoción y cansancio esta mañana cuando, después de 16 días esperando en la calle con el brazo levantado, ha logrado parar un taxi. “Se quejan de Uber pero el servicio que ofrecen es nefasto, ni un solo taxi ha pasado por aquí en dos semanas, y vivo en el centro”, protesta.

“Que me digan a mí dónde están los 16.000 taxistas que se supone que hay en Madrid. Se lo digo yo: en el bar”, ha sentenciado ya dentro del taxi que finalmente lo ha recogido, quejándose al conductor sin dejar que éste diera su versión. “El hormigueo que siento en todo el brazo no es normal. Como siga así, tendré que ir al hospital a que lo miren, y si resulta que me lo tienen que amputar, voy a demandar a todo el puto gremio”, añadía colérico.

Gil asegura que ha tenido que anular seis veces la misma reunión de trabajo al no encontrar un taxi hasta hoy. “Es tercermundista, cuando llevaba ya doce horas esperando llegué incluso a valorar lo de hacer autoestop, con lo peligroso que es”, dice.

Después de asegurar que “cuando lleguen los coches sin conductor se irán todos al paro y me voy a alegrar”, el cliente ha sido expulsado del taxi a empujones.

“Mira cómo tratan a la gente. Pues nada, he avanzado 800 metros y ahora a levantar el brazo otra vez y esperar otro milagro. Así está España, señores”, gritaba en una esquina.