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El coche de la Guardia Civil agredido por independentistas acude al juicio con un collarín y sin atreverse a mirar a los ojos a los acusados

HA PEDIDO DECLARAR TRAS UNA MAMPARA

Temblando, sin apenas tenerse en pie, asistido por dos mecánicos y con un enorme collarín. Así ha comparecido uno de los coches de la Guardia Civil que, según la acusación, destrozaron Jordi Sánchez y Jordi Cuixart el 20 de septiembre de 2017 frente a la Consejería de Economía de Barcelona. El abogado del coche pidió que este declarara tras una mampara, para no tener que ver a sus supuestos agresores.

Durante la declaración, al Land Rover se le ha quebrado el claxon a causa de la emoción en un par de ocasiones. Aún así, se ha mostrado firme al recordar las cientos de pegatinas y carteles que le pusieron sobre la carrocería. “Cierro los ojos y veo independentistas. Me tuvieron que cambiar los cristales, las ruedas… Y el proceso de arrancarme las pegatinas fue como someterme a una sesión de depilación infinita”, ha dicho temblando.

“Los ‘jordis’ iban con el turbo puesto, señoría. Se me subieron encima a desconvocar la manifestación pero ni a mí ni al otro coche nos preguntaron nada”, ha declarado el todoterreno, que se siente destrozado por fuera “pero sobre todo por dentro, a nivel psicológico”.

El coche ha explicado que desde “aquel día horrible” no ha vuelto a patrullar las calles y ha preferido desempeñar únicamente tareas administrativas. “No pido venganza, pido justicia. Ningún coche va a estar a salvo si esta gente sale a la calle”, ha dicho el automóvil antes de abandonar la sala haciendo eses.

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