Más de un año después de abandonar el puerto de Barcelona, el llamado “barco de Piolín” ha atracado hoy en Madrid junto a la sede del Tribunal Supremo a fin de declarar durante el juicio a los líderes independentistas del ‘procés’, iniciado ayer. Los 10.000 agentes que alojó permanecerán en su interior, aunque quien declarará es el ferry en su totalidad y no cada agente individualmente.

“Responderé a lo que me pregunten y ya está, fueron días muy duros para mí”, ha dicho el barco de 50.000 toneladas, que seguirá en tierra hasta mayo, fecha estimada en la que finalizará el juicio. Ha lamentado que se le haya citado como testigo, pues ha tardado varias semanas en llegar a Madrid desde la playa. “Aquí estoy muy incómodo”, se ha quejado, intentando mantener el equilibrio sobre el asfalto.

Pese a todo, el barco espera ser imparcial “en la medida de lo posible” y ya ha declarado que no cree que pueda aportar mucha información al juicio porque estuvo en el puerto en todo momento y, a partir de cierto momento, lo taparon con lonas, por lo que apenas pudo ver nada.

Los agentes ya han expresado su malestar por el hecho de tener que volver a vivir en el interior del barco, estancia que sobrellevarán con cocaína y jugando con sus porras extensibles.