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Comparativa: Comer vs. Hacer caca

LA ETERNA DISCUSIÓN

Desde el principio de los tiempos, los seres humanos han mirado al cielo y se han preguntado si es mejor comer o hacer caca. A día de hoy, la respuesta sigue haciendo correr ríos de tinta y provocando interminables debates. Para arrojar luz a una cuestión tan polémica, uno de nuestros reporteros se ha pasado una semana comiendo y otra semana cagando. Estas son sus conclusiones:

Esfuerzo

Mientras que para comer tienes que cocinar o que trabajar a cambio de dinero para poder comprar la comida, la caca te sale sola y sin esfuerzo. Si tienes muchas ganas, te sientas en la taza y sale totalmente gratis.

Comodidad

Es cierto que las dos cosas las solemos llevar a cabo sentados, pero para comer tienes que poner la mesa, recoger los platos, barrer las migas… Cuando cagas te limpias el culo y ya está, y a veces ni eso.

Bienestar

A lo largo de la historia, muchas personas han hecho huelga de hambre pero nunca nadie ha hecho huelga de hacer caca. Por algo será.

Autosatisfacción

Normalmente, después de comer mucho, te sientes culpable y arrepentido; todavía no se ha dado el caso de alguien que se sienta culpable por cagar mucho. Todo lo contrario.

Olor

Es indiscutible que la comida huele mejor que la caca, pero el ambientador de fresa que has puesto en el baño huele mejor que la comida y solo existe gracias a la caca.

Tiempo

Vayas a un restaurante o te quedes a cocinar en casa, es difícil que bajes de las dos horas; por el contrario, a veces una buena cagada la haces en cinco minutos.

Cotización

Parece que hacer caca tiene peor fama, pero yo siempre he visto más colas en los baños de los restaurantes que en las mesas.

Precio

De media, comer en un restaurante vale 20 euros, la compra en el súper ronda los 30. Cagar es totalmente gratis o como mucho cuesta el precio de un café.

Emoción

Hay platos exóticos o de primer nivel que pueden evocar fuertes sensaciones, pero la emoción de sentarse a cagar y notar cómo te vacías por dentro es insuperable.

Conclusión

Después de pasar una semana entera comiendo y otra cagando, mi recomendación es encontrar un equilibrio entre las dos cosas, porque la semana comiendo sin cagar fue un infierno, pero nadie quiere saber las cosas que me llevé a la boca durante la semana cagando sin comer.