Asumiendo que gritar no sirve de nada, y totalmente maravillada por las espectaculares vistas, una paracaidista se ha negado a que nada le arruine la increíble sensación de bajar en caída libre, decidiendo disfrutar de la experiencia en lugar de lamentarse por haber dejado el paracaídas en el avión. “Tengo dos opciones, quejarme o tener una actitud positiva”, se ha dicho.

“Hay que vivir el presente y no pensar en el futuro intentando adelantarme a problemas que resolveré cuando toque”, ha asegurado mientras bajaba a 200 kilómetros por hora con su cuerpo como única protección, recordándose que “es momento de dejarse llevar y no de darle vueltas a la cabeza”.

Ignorando los gritos de terror de los compañeros que se quedaron en el avión con su paracaídas, la paracaidista se ha negado a que nada empañe su vivencia. “Ya me ocuparé de ese tema cuando toque, insisto”, ha dicho a diez metros del suelo. “No se puede vivir pensando en los errores del pasado”, ha añadido mientras disfrutaba de los últimos segundos de la caída.

Instantes antes de impactar contra el suelo, la paracaidista se ha mostrado segura de poder aprender de sus errores para no volver a repetirlos.

“Se aprende más de los fracasos que de los éxitos”, han sido sus últimas palabras.