Juan L. (nombre ficticio para preservar su identidad), llegó ayer por la mañana a un semáforo en donde se encontraba otro hombre esperando para cruzar, cuando decidió darle al botón de “Pulse peatón”, sin reparar en que Paco H. ya lo había pulsado. “La gente va por la vida con mucha superioridad y creen que, si no lo pulsan ellos, a los demás no se nos va a ocurrir”, declara Paco H. con evidente indignación. Juan L. asegura, sin embargo, que “ni lo pensó” y que nada más llegar pulsa siempre el botón casi de forma automática. “No era mi intención subestimar a nadie, simplemente al ver que el semáforo estaba en verde me acerqué y le di”, aclara.

Ya son muchos los peatones que se sienten juzgados y menospreciados por este tipo de actitudes y que denuncian la condescendencia de aquellos que “encima de llegar los últimos, te toman por idiota”. Un comportamiento “adanista” que se atribuye especialmente a la gente joven. “Es como si el mundo no hubiera existido hasta que llegaron ellos, pero anda que no he cruzado yo calles en mi vida sin ayuda de nadie”, comenta un hombre mayor entrevistado en un semáforo mientras un grupo de jóvenes se acerca a cámara lenta con música de Hans Zimmer a darle al botón de “Pulse peatón” y liberar al indefenso anciano de su ignorancia.

Con el fin de mejorar la convivencia entre los habitantes, los ayuntamientos de las principales ciudades del país han puesto en marcha un tercer botón para añadir a los ya existentes “Pulse peatón” y “Espere verde” con el mensaje: “Ya he pulsao yo, que eres un listo”.

El Ministerio de Igualdad ha respondido con la sugerencia de un cuarto botón “necesario hoy en día” que rece: “Ya he pulsao yo, que eres una lista”, aumentando así a cuatro botones por semáforo a los que, según los expertos en conflictos cívicos, habría que añadir el botón de “Perdón, no me había dado cuenta, no te pongas así”.

Resultando casi imposible diseñar un semáforo con espacio para cinco botones, los ayuntamientos instan a los ciudadanos a que “hablen entre ellos”.