Benoit Fromanger, director de la Orquesta Sinfónica de Bucarest, decidió ayer durante un concierto hacer con su batuta el gesto de pedir la cuenta al camarero con la intención de averigüar cómo sonaba interpretado por sus músicos. El resultado fue sorprendente: “Es un sonido insoportable, angustioso y caótico, deseas que termine cuanto antes”, explica el músico.

Fromanger considera que, si fuera posible pedir la cuenta en los bares y restaurantes interpretando musicalmente la petición con una orquesta sinfónica como la suya, el camarero “vendría raudo a traerla para que el sonido estridente cesara de inmediato”. Admite, eso sí, que “no sería práctico” acudir siempre con una orquesta a los establecimientos de restauración, “ni siquiera prescindiendo de algunas secciones”. Agrega además que “dividir la cuenta entre tantos añade una dificultad que no compensa”.

La efectividad de la versión musical del conocido gesto fue, pese a todo, inapelable. Tanto, que varios miembros del público se levantaron para traerle al director cuentas improvisadas o incluso tickets que conservaban en sus monederos con el objetivo de silenciar a la orquesta. “Y no solo eso: todos los músicos que trabajan de camareros, es decir, casi el 60% de ellos, también se levantaron sin dejar de tocar y me trajeron sus cuentas”, certifica Fromanger con orgullo.

Inspirado por la gesta del director, ayer por la noche un auxiliar de pista del aeropuerto de Berlín hizo con sus bastones luminosos el gesto de pedir la cuenta a un avión que estaba aterrizando “para ver qué pasaba” y no se produjo un accidente “porque en el último momento, afortunadamente, el piloto se dijo que él no era camarero y por tanto no tenía por qué traerle la cuenta a nadie”.