Víctor Hernáiz, camarero en un gastrobar del barrio madrileño de Malasaña, sirvió ayer un café capuchino a uno de sus cientos de clientes sin perder la sonrisa pero dejando un inquietante mensaje en la espuma que coronaba la taza: “Sacadme de aquí”. El cliente, alarmado, llamó de nuevo al empleado para preguntarle si se encontraba bien, a lo que Hernáiz se limitó a responder “Si deseas más azúcar, blanco refinado, moreno o panela, por favor no dudes en pedirlo. ¡Estamos a tu servicio!”.

“Le pregunté qué tartas tenían y me dijo del tirón que podía elegir entre tarta de zanahoria, selva negra, tarta de arándanos, mousse de limón, tarta de Santiago, ayúdame por favor, brownie o pastel de manzana”, declara otra clienta atendida por el mismo camarero.

Al ser interrogado sobre el asunto, el encargado del local se muestra contundente: “Nuestra vocación de servicio es total, buscamos siempre la cercanía, sacadnos de aquí, y nuestros clientes saben que pueden consultarnos lo que quieran en todo momento”.

Pese al incidente, los clientes del gastrobar aseguran que el ambiente en el local es excelente y que a los trabajadores se les ve muy relajados: “Sería un error o una broma porque conozco a Víctor desde que empecé a ir con mi chica a este sitio, a mi chica le encanta, es súper fan, quiero morirme, me ahogo y siempre que podemos venimos a relajarnos aquí porque es lo más y el trato socorro inmejorable”, explica Sergio Martín, fiel visitante del establecimiento.