Aclarando que solo un porcentaje muy pequeño de los coches que circulan por Madrid pertenecen a la red de Uber, la compañía estadounidense ha emitido un comunicado esta mañana para recordar a sus usuarios que no pueden subirse a cualquier coche que vean por la calle, tal y como muchos creen. “Los españoles están respondiendo con un entusiasmo desmedido a nuesto servicio, pero no acaban de entender cómo funciona”, explica Juan Galiardo, director general de Uber en españa.

“Ser un usuario de nuestra plataforma no da derecho a abrir la puerta de un coche que esté circulando por la ciudad y sentarse dentro, al menos por ahora no va así”, explica Galiardo, que quiere moderar el entusiasmo de sus usuarios, muchos de ellos ya en la cárcel, acusados de intento de robo o secuestro.

“Es comodísimo, yo ya me he olvidado de taxis, abro la aplicación y me subo al primer coche que vaya en mi dirección. Me siento y hala”, confiesa Rubén Onfrén, de Barcelona, una ciudad en la que Uber ni siquiera opera, hecho que a él no le ha impedido colarse en quince turismos particulares pidiendo ir al aeropuerto u otros destinos. “Con Uber puedes usar cualquier cosa: coches, autobuses, el metro y hasta taxis. Lo que pasa es que algunos propietarios de coches se quejan porque no están acostumbrados a la libertad que da la tecnología y siguen fucionando con viejos esquemas”, insiste este cliente.

“Hay que convencer a la gente de las ventajas de estas plataformas colaborativas”, explicaba esta mañana en Sevilla un usuario que ha sido reducido a golpes tras intentar subirse al patinete eléctrico de otra persona.

Uber también es pionera en la incorporación de coches sin conductor a su flota, lo que ha llevado a sus clientes españoles a romper la ventana de muchos vehículos aparcados y colarse en su interior.

A última hora, Uber se ha visto obligada a informar a sus usuarios de Uber Eats de que haber instalado la aplicación no les permite comerse la comida de las personas que están sentadas en los restaurantes.