El pasado tres de enero, la sonda china Chang’e 4 se convirtió en el primer objeto artificial que logra alunizar en la cara oculta de la Luna. Esta nueva conquista del gigante asiático, calificada por el Global Times como “un gran hito de la exploración humana del universo”, permitirá que nuestro satélite permanezca abierto todos los días de la semana, domingos incluidos.

“Es un pequeño paso para un chino, pero un gran paso para el B.A.F”, declaró el presidente Xi Jinping, definiendo con esas siglas el sector “Bazar, Alimentación y Frutos secos”, que trasciende por vez primera las fronteras terrestres. “La República Popular China no se detendrá hasta que todo el Sistema Solar abra las veinticuatro horas, o las 9’84 horas en el caso de Júpiter, o las 10’8 horas en el caso de Saturno”, añadió a continuación.

Según Jim Bridenstine, administrador de la NASA, la conmoción inicial que produjo la noticia en la agencia espacial estadounidense dio paso al alivio al comprobarse las numerosas ventajas de esta nueva situación. “Ahora sabemos que, si a nuestros astronautas se les rompe una pieza del módulo lunar durante el fin de semana, o si les apetece comprar unas litronas para hacer botellón, tendrán que pagarlo a precio de oro pero podrán obtenerlo a la vuelta de la esquina”, dice.

A pesar de ese clima de buen entendimiento entre las dos grandes potencias, la administración de Trump reconoce que no está dispuesta a ceder a los asiáticos el liderazgo de la carrera espacial, razón por la cual ha duplicado el presupuesto de la NASA con el propósito de que, cuando los chinos lleguen a Marte, se encuentren allí como mínimo diez Starbucks.