“Hoy es un día para tener dos trofeos, porque nos lo habéis puesto muy difícil”. Pepe lo pudo decir más alto, pero no más claro. Efectivamente, la final de la sexta edición de MasterChef Junior estuvo más que igualada. Cualquiera de los dos duelistas finales podría haberse alzado con el trofeo: Rubén, con una osada fusión de Fanta, Coca-Cola y patatas fritas y Sarita, que apostó por unas tradicionales tortas de barro con mocos.

“Está todo buenísimo”, confirmó Pepe, que se comió ambos platos con ansia y a quien le costó mucho decidir cuál de las dos propuestas era superior, pese a que finalmente concluyó que las tortas de barro podían ser difíciles de digerir “al lado de la crema repugnante que ha hecho Rubén, que tiene un retrogusto dulce y salado y un contraste muy interesante gracias a la guarnición de cortezas de pan de molde que ha puesto al lado y que entiendo que solo están ahí porque no se las ha querido com él”.

“Puaaaaj se lo ha comido, puaaaaj. Pepe come gusaaanos, Pepe come gusaaanos”, dijeron los niños al jurado sin escuchar la resolución de este.

Jordi Cruz ya se ha mostrado interesado en dar trabajo en sus restaurantes a todos los finalistas “al menos hasta que cumplan 16 años y puedan exigir un contrato”.