Totalmente absorbido por la cultura mexicana después de ver la primera temporada de Narcos: México del tirón, Antonio Bruño, un español de 43 años, ha acudido a un restaurante mexicano y ha pedido “una buena chingada” creyendo que se trataba de una especialidad de la casa. “Pero una chingada de verdad, una chingada casera, como si estuviera en el mismo DF”, le ha exigido al personal de cocina.

Según el camarero encargado de atenderlo, el cliente español se negó a mirar el menú asegurando que ya sabía lo que quería. “Yo no necesito la carta porque conozco muy bien México”, dijo después de pasarse tres días seguidos viendo Narcos: México. “De primero me pidió vergas a la chingada”, relata el camarero. “También quería unos huevos bien chingones de majadero al pastor”, continúa. “Todavía no hemos podido descifrar a qué se refería”, admite.

Desde la emisión de Narcos: México, los restaurantes mexicanos se han llenado de clientes españoles que les hablan mezclando expresiones que utilizan los personajes pensando que todas se refieren a comida. “¿Weys ya no tenéis?”, preguntó Antonio señalando uno de sus platos vacíos, ante la confusión de los camareros. “¡Más pendejos en esta mesa, que hay hambre!”, llegó a gritar ante el desconcierto generalizado. “Al final le llevamos una tortilla de maíz para que se callara”, apuntan desde el restaurante.

Aunque el servicio no fue nada fácil por culpa de las expresiones aleatorias y sin sentido que Bruño profería a los camareros, el peor momento llegó cuando le sirvieron una margarita, a la que él se refirió como “una chingadita”. “Cuando nos giramos hacia su mesa estaba esnifando la sal de la parte superior de la copa, fue muy desagradable para todos”, explica el dueño del local.