A menos de dos semanas para su gran noche de trabajo del año, Papá Noel apura sus últimos días de vacaciones bebiendo y masturbándose rodeado de millones de regalos, los tuyos entre ellos. “Al principio podía salir por esta puerta como si nada, pero desde hace tiempo no puedo enfrentarme a esto sereno. Intentas que las críticas no te afecten, pero es imposible. Quizá ya estoy demasiado viejo para esta mierda”, le ha explicado el artífice del espíritu de la Navidad a una botella Johnnie Walker.

Papá Noel tira dos nuevos regalos a la hoguera para calentar su fría casa en Laponia. “No pasa nada, eran de niños africanos”, reconoce. “Los últimos meses de vacaciones ni los disfrutas pensando en la que se te viene encima”, confiesa mientras rompe la carta de uno de los millones de niños que le escriben.

“Ahora piden unas cosas rarísimas, te juro que si fuera por mí me quedaba en casa todas las Navidades”, agrega con su traje cubierto de lamparones.

El legendario personaje lleva más de once meses encerrado, de vacaciones, y ver que éstas llegan a su fin le resulta deprimente. “No me puedo creer que ya casi hayan pasado los 365 días”, dice ojeando una agenda calendario destinada a Cristina Martínez, de Badajoz. “Cada año me prometo a mí mismo que será el último y cada 25 de diciembre acabo subiéndome a ese dichoso trineo otra vez”, gruñe entre eructos.

Al cierre de la edición, la prensa ha podido saber que Papá Noel no es el único que se encuentra en esta situación: Felipe VI, el rey de España, también está apurando sus últimos días de vacaciones bebiendo y masturbándose rodeado de adornos navideños y de fotos de su familia antes de salir a dar su discurso de Navidad.