“Como aún no he recibido nada, y ante la posibilidad de que no esté actualizada la base de datos, adjunto a la presente mi dirección postal para que conste en los registros”. Con estas palabras pide por carta el expresident de la Generalitat, Carles Puigdemont, que se le haga llegar la cesta de Navidad al domicilio en el que reside actualmente, en la localidad de Waterloo, dando por hecho que le corresponde recibirla como presidente de la República.

Aunque el actual dirigente de la Generalitat, Quim Torra, ha señalado que Puigdemont “no está exigiendo nada, simplemente recuerda su domicilio actual” y pide que no se caiga “en la trampa de la oposición dándole a la anécdota más importancia de la que tiene”, el entorno del Govern considera que el gesto es “de muy mal gusto” teniendo en cuenta que “hay personas en huelga de hambre para defender el derecho a la libertad”.

Puigdemont no ha tardado en salir al paso de los comentarios suscitados por su misiva y ha argumentado que “desde la distancia no tendría sentido que me sumara a la huelga de hambre” y, de hecho, ha añadido que “si van a sobrar cestas o botellas de ratafía por el tema de la huelga en cuestión, vuelvo a insistir en lo de mi nueva dirección postal”.

“Para presidir una república no hay problema, pero para hacer huelga de hambre en apoyo a los presos resulta que la distancia es un impedimento”, lamentaba esta mañana un conseller de la Generalitat que insiste en protestar desde el anonimato. En general, los independentistas se muestran reticentes a la hora de criticar el tema de la cesta de Puigdemont “para no regalar titulares a la prensa españolista”. En el resto de España, sin embargo, la polémica no ha causado el estupor previsto, pues la ciudadanía “ya está acostumbrada a este tipo de cosas”, según confirman algunos medios desde Madrid.

Mientras tanto, desde la cárcel de Estremera, Oriol Junqueras ha agradecido la bolsa de peladillas que le han mandado desde la Generalitat.