Como hacían los españoles que, durante el franquismo, querían ver cine prohibido por la censura, desde hace días centenares de ciudadanos viajan los fines de semana a Francia para poder sonarse los mocos en la bandera de España sin sufrir represalias. “La quemamos, nos la pasamos por el arco del triunfo… hacemos de todo, nos desahogamos y luego volvemos a casa”, explica Mari Carmen Lozano recién llegada de Perpiñán, adonde sus padres iban en su día para disfrutar de “El último tango en París” o “Mogambo”.

“Yo nunca había sentido la necesidad de hacer este tipo de cosas hasta que ocurrió lo de Dani Mateo. Entre eso y las elecciones andaluzas, ahora mismo cagarme literalmente en la rojigualda es casi una necesidad fisiológica”, confiesa otro ciudadano que prefiere mantenerse en el anonimato.

Otros visitan la parte francesa de los Pirineos para gritar chistes sobre Carrero Blanco desde lo alto de un acantilado. “Me acerqué a un barranco en las afueras de La Mongie y coincidí con dos familias de catalanes y unos de Murcia que habían tenido la misma idea. Fuimos a comer juntos, pensamos más chistes y por la tarde volvimos a gritarlos todos juntos, en coro”, explica José M., de Badajoz.

Aunque pocos se atreven a compartir imágenes de los ultrajes a la bandera en territorio francés, es posible ver rojigualdas en llamas en medio de la montaña desde Google Earth. Las autoridades están investigando el asunto y no se descarta que la Guardia Civil pida oficialmente ayuda al gobierno de Macron para perseguir estos supuestos delitos.

Algunos rumores apuntan a la existencia de foros en Internet con indicaciones para encontrar ejemplares de Fariña y portadas secuestradas de El Jueves bajo rocas señaladas en pleno bosque pirenaico. “Se dice que hay cajas con Polaroids que muestran pezones censurados por Facebook, pero hay que ser un verdadero experto para localizarlas”, comenta un internauta.