Diciéndose a sí misma que es una mujer mayor de edad, adulta y libre y que por tanto puede hacer absolutamente lo que quiera, Sheila Morata, de 32 años, ha decidido que puede desayunar Riskettos si le apetece “y no pasa nada”. “Aquí estoy, desayunando Riskettos como prueba de que soy responsable de mis acciones y que puedo hacer lo que me salga de las narices”, se ha repetido a sí misma para convencerle de que los risketos como opción de desayuno no hacen más que reafirmar su madurez.

“Ningún remordimiento de conciencia, ninguna culpabilidad, solo yo y mi libertad y mis Risketos”, se ha repetido, según las fuentes. “¿Puede impedirme alguien desayunar estos ‘snacks’ que he pagado con mi propio dinero, un dinero que he ganado trabajando como persona adulta? No, nadie puede impedírmelo”, ha insistido.

Al terminar la bolsa sin contratiempos y comprobar que, efectivamente, es completamente libre de desayunar lo que le apetezca, Morata ha concluido que no hay ningún límite, más allá de lo legal, respecto a lo que pueda o no elegir hacer.

“Soy adulta, hago lo que quiero y si me da por ahí pues ahora me compro una bolsa de nubes de caramelo y me las como también”, se ha dicho, recordándose que ser adulta es “la hostia”.

“Y ahora si quiero me levanto y me voy a casa. No quiero pero podría hacerlo porque soy adulta”, ha concluido.

A última hora, Sheila ha empezado a encontrarse mal del estómago y no tiene a nadie a quien echarle la culpa excepto a sí misma porque es imbécil y ya tiene pelos en el coño y debería saber que, como persona adulta, no puede ir por ahí haciendo lo que le apetece como si fuera una niña.