Gabriel Sanz, pianista aficionado, ha puesto hoy una queja al fabricante Roland asegurando que el instrumento que le vendieron es fumador. “Ha pasado ya un tiempo y las teclas se le están poniendo amarillas. Además, cuando llego del trabajo la casa huele a tabaco, mi mujer también lo nota”, protesta Sanz.

El cliente cree que ese hábito “no puede ser bueno” en un piano, pues las cuerdas se resienten y “toca cada vez más grave”. A Sanz le preocupa además que su esposa, “que pasa muchas horas en casa con el piano”, se convierta en fumadora pasiva. “La ropa de ella huele a tabaco porque trabaja justo al lado del instrumento, y con la salud no se juega”, argumenta.

Sanz no quiere pasar por el calvario de forzar al piano a dejar de fumar. “No me apetece empezar a tocar piezas oscuras de Wagner o a repetir nerviosamente los mismos acordes una y otra vez”, confiesa. “Mi mujer dejó de fumar hace un mes y fue un suplicio, no quiero que el piano me someta a la misma tensión”, añade. Aunque el hombre hace lo posible para no tentar al piano, sospecha que el instrumento usó las ruedas que tiene para salir a fumar a la terraza, pues apareció una colilla en un tiesto.

El músico aficionado dice que ha llegado a pegar parches de nicotina al piano pero, si la cosa no mejora, asegura que tendrá que devolverlo “se pongan como se pongan” antes de que la cosa vaya a peor. “No quiero un piano con teclas amarillas al que no se le levanta la cola por culpa de este hábito repugnante”, sentencia.