Después de varias protestas, al fin la Consejería de Sanidad de Valencia ha decidido expedientar esta semana a los responsables de la Clínica Salvador Dalí, que se negaban a admitir a pacientes que no fueran locos maravillosos.

“Juanjo se cree Napoleón y te cuenta cosas que no aparecen en los libros de historia. Vivencias personales del general que te trasladan directamente a finales del siglo XVIII. Vienen locos historiadores de toda España a tomar apuntes en sus conferencias”, se defiende el doctor Marcos Narbona, director médico del centro. “Aquí los que oyen voces cuentan con locuciones de Constantino Romero, y a los locos más jóvenes les susurra Claudio Serrano, la voz de Batman, y les pide que hagan cosas originales, que a ti que estás sano ni se te ocurrirían”, añade. “Hasta las camisas de fuerza las diseña Ágatha Ruiz de la Prada”, agrega.

Por mucho que los psiquiatras de la Salvador Dalí insistan en que persiguen “la excelencia”, la consejería considera que la salud mental es “un derecho universal al que deben tener acceso personas de cualquier condición, sean o no maravillosas”.

“Los locos normales que vayan por el seguro”, replica Narbona, argumentando que “si no fomentamos las clínicas privadas que persiguen la competitividad estamos condenados a seguir con el tonto del pueblo mientras que en otros países más avanzados hay locos que ganan Grammys, que trabajan en Hollywood o que presiden Estados Unidos”.

Narbona es tajante y se niega a cambiar sus criterios de admisión. “No vamos a echar por tierra años de esfuerzo seleccionando a los mejores locos, trabajando con ellos para potenciar los mejores delirios, teorías de la conspiración que nada tienen que envidiar a la de las estelas químicas o el terraplanismo. Uno de nuestros internos, Marcelo, cree que las grandes farmacéuticas han creado la homeopatía para intoxicar incluso a los escépticos con neopéptidos, que son compuestos moleculares que modifican nuestro cerebro para usar Cabify y hundir el sector del taxi. Teorías de este nivel no se encuentran en cualquier parte y son fruto del trabajo que hacemos aquí desde hace años”, argumenta el doctor, que describe con orgullo las “sesiones de brainstorming” entre locos maravillosos donde “se perfeccionan las teorías y las sospechas hasta generar brotes psicóticos que son auténtica pirotecnia psiquiátrica”.

“Mire, yo entré aquí como interno y he llegado a director médico. Con esfuerzo, con constancia. Y estas cosas despiertan envidia. Pero no daremos nuestro brazo a torcer. Brahliman está de nuestra parte. Y la sociedad española también”, sentencia.