“Se introducen el dedo en la nariz y extraen de ella mocos que luego pegan en sitios. No parece responder a ningún tipo de liturgia ni tener una connotación simbólica. Es simplemente asqueroso”. Con estas palabras destapaba esta mañana el rotativo norteamericano “The New York Times” un secreto que los españoles lograron mantener hasta hoy.

“Ha habido una filtración. En estos momentos se está investigando pero el daño está hecho. Estamos trabajando en una respuesta oficial que preserve la dignidad de nuestro país, pero lo más pertinente en estos casos es ir con la verdad por delante”, declaraba hace unas horas el titular de Exteriores, Josep Borrell, quien admitía que “el turismo, sin duda alguna, se puede ver afectado, pero hay que mantener la calma”.

Las expresiones de disgusto e incredulidad se han sucedido a lo largo del día, ocupando las portadas de los principales periódicos internacionales. El diario sensacionalista británico “The Sun” recurría al sarcasmo dejando un recuadro en blanco en la primera página con la frase “Pégalos aquí, español, y luego tira el papel”.

La oposición no ha tardado en responsabilizar al Centro Nacional de Inteligencia (CNI), cuyo director, Félix Sanz Roldán, se ha reunido de urgencia con el presidente Pedro Sánchez en La Moncloa. “¿Qué será lo siguiente? ¿Se van a enterar también de que nos metemos el dedo en el culo para olerlo después? El daño a la marca España es irreparable”, denunciaba el líder del Partido Popular, Pablo Casado, que ha sorprendido a muchos con lo del “dedo en el culo”. “Esto lo hará usted, señor Casado, al resto no nos implique”, protestaba la diputada de Podemos Ione Belarra.

Varios antropólogos de la Universidad Complutense y del Instituto Madrileño de Antropología han sido convocados también por el Ejecutivo este mediodía, pero los expertos han advertido de que “el argumento del clima húmedo no tiene peso científico porque en los países nórdicos tienen más mocos y no se los sacan, hay que asumir que es un hábito desagradable como el de matar toros y apechugar, puede que acabe siendo visto como un curioso exotismo, igual que la tauromaquia”, sentencia el antropólogo social Roberto Mauri.

Las calles de las principales ciudades españoles mostraban hoy un número mucho mayor de ciudadanos hurgándose la nariz, conscientes todos ellos de que “ya no hay que disimular”. Borrell pide “contención” y una mayor consciencia de la gravedad de la situación. “Tengo un encuentro europeo en dos días y, sinceramente, se me cae la cara de vergüenza”, reconocía el ministro.