Alfredo Alcahuete, un padre de familia de 52 años natural de Sevilla, ha llevado una doble vida durante la última década con la única intención de desayunar, almorzar, merendar y cenar dos veces al día. “No lo hago por lujuria ni por amor, lo hago por hambre”, se sincera. En cada una de sus identidades tiene su propia pareja e hijos, con los que come cada día pase lo que pase. “En mis dos casas se come fenomenal”, comenta orgulloso.

Cada mediodía, al acabar de comer en casa de una de sus familias, y con la excusa de que tiene que irse a trabajar, Alcahuete se traslada al otro extremo de la ciudad, donde vive su otra familia, y almuerza otra vez. “A veces tienen el mismo menú en las dos casas, pero puedo comer dos veces y eso no tiene precio”, reconoce. “Tanto mi mujer como mi marido cocinan igual de bien, no podría elegir un favorito”, aclara.

Además de poder comer dos veces al día, Alcahuete goza de otras significantes ventajas. “Merece la pena tener dos familias porque puedes echarte dos siestas al día”, insiste. Alfredo es uno de los hombres que más sabe de leones en el mundo debido a la cantidad de horas de documentales de La 2 que consume al día. “En cuanto me despierto en casa de mi segunda familia, voy corriendo a casa de la primera para poder dormirme viendo el siguiente documental”, relata.

Por muchas obligaciones que suponga llevar una doble vida, Alfredo no descarta buscarse una tercera familia antes de Navidad para poder recibir tres regalos. “Con seis calzoncillos y nueve pares de calcetines podría sobrevivir varios años”, asegura.