María Antúnez, de 23 años, se ha tatuado el nombre de Fabián Bermejo, su tatuador, para conseguir un 30% de descuento en el tatuaje. “Quería tatuarme el nombre de mi hija, pero si me tatuaba el nombre de mi tatuador me salía mucho más barato”, se confiesa.

El precio por un tatuaje convencional en Inknalia, la tienda en la que trabaja Bermejo, es de 50 euros. “Pero si se tatúan mi nombre se lo dejo por 35”, reconoce. Debido a esta oferta, ya hay más de mil españoles que llevan el nombre “Fabián Bermejo Cabrales” grabado para siempre en su piel. “Para mí es un orgullo pasear por la calle y ver a gente con mi nombre en el brazo o en el pecho”, se sincera el artista.

El círculo más próximo a Antúnez asegura que se ha quedado muy satisfecha con su primer tatuaje y que ya está pensando en otro. “El mes que viene se tatuará la cara de la madre de su tatuador porque le hace un descuento del 40%”, declara su madre. “Se iba a tatuar la mía pero, como según el ángulo en que se mire la señora Cabrales y yo nos parecemos bastante, era una pena no aprovechar el descuento”, añade.

Los descuentos de Inkalia son tan elevados que incluso la Revista Tatutalia ha calificado sus tatuajes como los más baratos del mundo desde la década de los años treinta, en la que en países como Alemania, Austria o Polonia millones de tatuajes se hicieron completamente gratis.