A pesar del empeño de los padres de los países ricos en enviar las sobras de sus hijos a los países más pobres de África, esta semana los niños africanos se han quejado de que solo les llegan espinacas. “Si calientes ya saben mal, imagínate frías”, lamenta Adisa Mengue, de siete años, en un comunicado adjunto a un dibujo para sus padrinos europeos.

Algunos niños africanos incluso sospechan que los padres del Primer Mundo se aprovechan de su hambruna para forzar a comer a sus hijos. “Al final la comida que nos llega aquí es siempre la que peor sabor tiene”, explica la criatura. “Por no hablar de cuando se les cuela alguna servilleta”, agrega.

Los niños africanos que reciben los restos de comida que los niños europeos no se quieren acabar consideran que podrían proporcionarles una dieta algo más equilibrada. “Unos ‘fingers’ de pollo de vez en cuando no nos vendrían nada mal”, aseguran. Muchos llevan toda la vida esperando que algún niño español decida no comerse los dónuts de la merienda. “Si un día no se pueden acabar todo el helado tampoco deberían forzarse”, añaden.

Pese a las protestas, Oxfam Intermon ya les ha dicho a todos los niños africanos que las espinacas que no se coman hoy se las comerán mañana porque no hay niños más pobres que ellos a los que enviárselas. “Lo que no vamos a hacer es tirar comida”, apuntan desde la ONG.