Diciendo que “bien picadito y mezclado con natillas o con los macarrones los españoles ni se iban a enterar”, la familia de Franco ha exigido el Gobierno que los restos del dictador sean repartidos en la comida de los españoles poco a poco y hasta que no quede nada. “Cualquier cosa que no sea alimentar a los españoles con los restos del dictador nos parece una deshonra”, insisten los herederos.

“Franco siempre quiso estar dentro de los españoles y, como jefe de Estado, tiene todo el derecho a que se cumpla su última voluntad”, ha declarado uno de los nietos de Franco, admitiendo sin embargo que preferiría que los restos permanecieran en el Valle de los Caídos.

“Se cogen los restos, se trituran con todos los honores militares y a continuación se les mezcla a los españoles con su menú habitual”, explica el heredero, insistiendo en que “comerse al genocida sin darse cuenta y poquito a poco como quien se toma una dosis de medicamento” es “lo normal en cualquier país democrático”.

Los nietos de Franco citan el decreto de 2010 por el que se aprobó el reglamento de honores militares, que recoge la interpretación del “himno nacional completo, con arma presentada, una descarga de fusilería, la salva de cañonazos que corresponda y la inserción de los restos poquito a poco en sofritos, purés y salsas”. El decreto establece como destinatarios de tales honores fúnebres al Rey, la familia real y los infantes de España; el presidente del Gobierno; el ministro de Defensa; el jefe del Estado Mayor de la Defensa; el jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, de la Armada y del Ejército del Aire y a oficiales generales.

El Gobierno sin embargo prefiere evitar a toda costa que el sistema digestivo de los españoles se convierta en un lugar de peregrinación de franquistas, por lo que evitará que los deseos de los herederos de Franco se lleven a cabo.