Siguiendo las últimas recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, el Ministerio de Sanidad ha presentado hoy una nueva medida antitabaco que pretende “dificultar la adquisición de cajetillas con la necesaria colaboración de sus suministradores”. El nuevo protocolo obliga a los estanqueros a recordar al comprador que morirá, matará a sus hijos y será “un pobre ciego impotente y sin dientes”.

La medida entrará en vigor el mes que viene, pero las primeras pruebas piloto realizadas en Barcelona y Madrid han sido problemáticas. “Al principio se lo dices entre susurros: ‘Vas a morir’. Y el cliente te pide que se lo repitas, que no te ha oído bien. Se lo repites y la cosa se vuelve tensa”, comenta un vendedor del barrio barcelonés de Sant Antoni. “El cliente pensó que le estaba amenazando de muerte y al final tuve que regalarle dos cartones de Winston y pedirle disculpas”, explica.

Otros estanqueros se han tomado el protocolo demasiado en serio. “Le pedí un paquete de Camel que además era Light y saltó por encima del mostrador, me agarró por las solapas y me gritó que la vida es el don más preciado que tenemos. Luego se fijó en el carrito del bebé y salió a la calle chillando y acusándome de intentar matar a mi bebé de seis meses con el humo. Me sorprendió porque soy clienta desde hace casi diez años y nunca se había puesto así conmigo”, relata una compradora de Madrid, que no sabe si cambiar de estanco “porque dicen que hay otros peores, donde llaman a una ambulancia y se te llevan en camilla”.

“¿Ya te has acabado el cartón de la semana pasada, loco hijo de puta?”, preguntaba la semana pasada un estanquero a uno de sus clientes habituales. Éste presentó una reclamación y las autoridades dieron la razón al vendedor. En estos momentos, el fumador se encuentra encerrado en un centro de salud mental por sus “tendencias suicidas”.