“Creo que algo está pasando. Algo está cambiando y volverá a cambiar. No creo que sea un engaño, creo que probablemente hay una diferencia. Pero no sé si está causado por el hombre”. Con estas palabras, Donald Trump reconocía ayer finalmente la existencia del cambio climático. Un logro que cabe agradecer al gabinete del presidente, que lleva dos semanas poniendo el termostato de la Casa Blanca a 122 grados Fahrenheit (50 grados centígrados).

“Hace más calor, sin duda, algo está pasando en el planeta”, insistía ayer el mandatario en mangas de camisa. Sus asesores se encargaron de hacer creer a Trump que el aire acondicionado estaba puesto pero que era “insuficiente por el calentamiento global”. La desesperación del presidente le llevó incluso a arrepentirse de haberse retirado del Acuerdo de París. “Entonces no hacía ese calor, os lo juro”, comentó a su equipo.

Ahora, el gran desafío del gabinete de Donald Trump es “condicionar su respuesta al problema”. Un objetivo difícil, pues las primeras órdenes que ha dado el mandatario para combatir el cambio climático han sido construir un muro que rodee Estados Unidos y lo aísle térmicamente del exterior y, “mientras eso se hace”, instalar aparatos de aire acondicionado también en las calles “para que entre aire fresco por la ventana”.