Con la intención de que todos sus vecinos se enteren de lo concienciado que está con el medio ambiente, Raúl Palomares, residente de 41 años de Madrid, hace el máximo ruido posible al tirar las botellas al contenedor. “Las tira de madrugada para que se escuche desde más lejos, y siempre procura esperar a que pase alguien y le vea”, lamenta un vecino con problemas para dormir.

Es tal el ruido que hace Palomares al tirar las botellas que muchos vecinos han dejado de reciclar alegando que prefieren que “la raza humana se extinga en la Tierra antes de tener que seguir aguantando a ese gilipollas”. Diversos ecologistas coinciden además en que las personas como Palomares aumentan la contaminación acústica intentando reducir la ambiental.

Tras dos horas seguidas tirando botellas, el vecindario ha concluido que Palomares efectivamente recicla pero, además, tiene un problema con la bebida. “Cada vez hay más casos de alcoholismo provocados por la adicción a reciclar vidrio”, alertan desde el Ayuntamiento de Madrid. “Se empieza probando con un vaso de nada y se acaba por reciclar varias botellas al día”, lamentan.

Los compañeros de piso de Palomares han explicado a la prensa que Raúl nunca recicla plástico, papel y cartón porque no hacen ruido y lo considera una pérdida de tiempo. Uno de sus amigos confiesa que lo sorprendió un día abriendo la ventana de su habitación y poniendo a todo volumen un efecto de sonido de cristales rompiéndose, pues le daba pereza bajar a la calle.