Esta semana se han hecho públicos los resultados de un experimento del CSIC llevado a cabo por los doctores Ignacio Ortolá y Lurdes Almansa. Tras décadas de investigaciones exhaustivas, estos científicos han logrado que Mingo, un chimpancé de treinta años de edad, logre comunicarse articulando palabras. El vídeo del experimento, difundido a través de la web del CSIC, muestra al primate pronunciando sus dos primeras oraciones: “Yo Mingo. Yo tener hambre”.

Como era de esperar, tal documento gráfico ha producido un enorme revuelo en las redes sociales. A los tres segundos de trascender el mensaje del primate, el tuitero @amadisdeletras se apresuraba a responderle al chimpancé que “te ha faltado un verbo en la primera frase, campeón. Lo correcto sería decir ‘Yo SOY Mingo’, o ‘Yo me llamo Mingo’, si lo prefieres”. Por otra parte, el usuario @hablonerudez centró sus esfuerzos en la segunda oración. Según él, “en castellano es incorrecto el uso del infinitivo asociado a la primera persona del singular”, por lo que el simio debería haber utilizado el presente del indicativo (“Yo tengo hambre”) en su formulación. Minutos antes, y con tendencia más minimalista, @calimero666 había optado por expresar la misma objeción escribiendo un escueto “TENGO”.

Tras esas primeras impresiones sobrevino una avalancha de correcciones e increpaciones, algunas formuladas en tono condescendiente y otras muchas con connotaciones más hostiles, si bien suavizadas en ciertos casos con la palabra “saludos” a modo de despedida.

La portavoz en España de la protectora de animales PETA, Dolores Parmalat, ha difundido un comunicado declarando que “humillar así a Mingo, no es de recibo”, lo que ha arrojado aún más leña al incendio de las redes sociales, pues según algunos a esa frase le sobra una coma justo después de la palabra Mingo, y eso interrumpe la fluidez de la lectura. El miembro de la RAE Arturo Pérez-Reverte también se ha pronunciado sobre el vídeo haciendo constar que, por lo que a él respecta, “el puto mono tiene derecho a decir lo que le salga de sus santos cojones”.

Como consecuencia de esta polémica, la comunidad científica se ha visto obligada a prestar más atención a la forma del mensaje que a su contenido, por lo que Mingo terminó falleciendo de inanición. García y Ortolá, responsables del experimento, aprovecharán la autopsia del animal para trocearlo y cocinarlo con una guarnición atractiva, con el fin de que también puedan valorarlo los usuarios de Instagram.