Precioso gesto de humanidad el vivido esta semana en la localidad madrileña de Getafe. Enrique Vellido, un estudiante recién graduado a sus 23 años, ha decidido donar todas sus matrículas de honor a los niños africanos ahora que él ya no las necesita. “Vi que muchos no saben leer o escribir, así que decidí entregarles mis matrículas de honor”, confirma Enrique con humildad.

Se calcula que, solo con los créditos universitarios que le sobraron a Enrique durante su carrera, 500 niños africanos podrían sacarse el graduado y encontrar trabajo antes de los 12 años. “Compartir el currículum no cuesta nada y puede salvar muchas vidas”, apunta el donante tratando de concienciar a los demás sobre la importancia del legado solidario.

Ahora, algunos de sus compañeros se quejan de que Enrique done sus matrículas de honor cuando, durante el curso, se dedicaba a tapar con la mano los exámenes para que no le copiaran. “Ahora ya me he graduado y no necesito esas notas, por eso donaré los puntos de todos mis exámenes a los desfavorecidos”, insiste ajeno a las críticas.

El último de la clase de Enrique ha quitado mérito a la hazaña de su compañero asegurando que él lleva años donando puntos de sus exámenes a África, hecho que le ha impedido subir del cuatro desde su entrada en la universidad. “Saqué un tres en Estadística II porque doné seis puntos a los más necesitados, pero el diez en legado solidario no me lo quita nadie”, dice.


Noticias como ésta podrán marcar la actualidad del mañana, porque cada vez que alguien deja una pequeña parte de su herencia a una o varias ONGs a través de un testamento o legado solidario, se consiguen cosas que parecen increíbles.