Después de una vida entera pidiendo a los camareros que se llevaran su plato para que se lo pasaran un poco más por la parrilla, Julián Pachón, de 76 años, pidió en su testamento que lo incinerasen “al punto”.

Horas después de fallecer, los familiares de Pachón encontraron sus exigencias y trasladaron al personal del tanatorio los deseos póstumos del hombre. “Dejar al punto las cenizas de un ser humano no es tarea fácil, pero todos nos esforzaremos por cumplir su última voluntad”, declara el director del Tanatorio de la Paz, en Madrid. El cuerpo del fallecido lleva horas dando vueltas a fuego lento en las brasas.

“También hemos pedido que le echen sal porque Julián no soportaba la comida sosa”, se sincera su viuda, a la que Pachón quiso hacerle un último regalo, pues no soporta la carne demasiado hecha ni demasiado cruda. Muchos familiares se han quejado de que la incineración está tardando mucho, “entre las horas que son y el olorcito de mi abuelo tengo el estómago que no me deja de crujir”, declara una de las nietas del fallecido.

En su testamento, Pachón también pidió que les trajeran pronto la cuenta al terminar el velatorio, pues tampoco soportaba tener que esperar a los camareros.