Tras devorar una “pierna de cordero vegana [sic]”, Miguel Manchón, un ciudadano de Valladolid, ha pedido al camarero del restaurante en el que ha disfrutado de una comida “cien por cien vegana” que le traiga un “tocinillo de cielo vegano” y un “Bailey’s vegano” a modo de postre, según han informado fuentes del mesón El Morcón. “Ahora soy vegano y todo lo que como es vegano”, ha explicado a los periodistas, detallando que adoptó la dieta vegana hace unos días y que ésta consiste simplemente en añadir el adjetivo “vegano” a todo lo que come.

“Llevaba tiempo considerando añadirle el adjetivo ‘vegano’ a mi comida y al final lo he hecho y, aunque disfruto un poco menos de la comida, creo que merece la pena”, ha confirmado este defensor de los animales, que insiste en que hay alternativas veganas “a absolutamente todas las comidas normales”.

“Fuet vegano, chorizo vegano, gambas veganas… hay versiones veganas de todo”, ha explicado Manchón, aunque también ha reconocido que, en cuanto se le añade el adjetivo “vegano” a algo, pierde prácticamente todo su atractivo pero “a veces es bueno renunciar a algunos placeres por principios morales”, especialmente si, como dice, “alimenta lo mismo y la salud no peligra”.

“Lo del veganismo es sobre todo mentalizarse porque está todo en la mente”, ha dicho.

Este vegano admite que lo más difícil de su conversión al veganismo ha sido encontrar tiendas especializadas donde vendan productos normales a los que les hayan añadido el adjetivo “vegano”.

Hasta ahora, Manchón no se consideraba auténticamente vegano sino simplemente vegetariano y añadía el adjetivo “vegetal” a todo lo que comía, como bocadillos vegetales de beicon o lentejas vegetales con chorizo.