Esta semana, Yolanda Serrano, una madre de 32 años, ha decidido dejar de levantarse cuando llora su bebé tras comprobar que él no se levanta cuando llora ella. “Llevo meses levantándome en medio de la noche para consolar a un egoísta sin sentimientos, como si yo no tuviera mis problemas”, reconoce visiblemente afectada.

Cristóbal Castaño, su hijo de 11 meses, no se ha levantado ni una sola de las muchas veces en las que su madre estaba llorando, y nunca ha mostrado el menor interés. “Algunas madrugadas he llorado durante horas mientras él dormía tan tranquilo”, declara desconsolada. “Las nuevas generaciones solo se miran su propio ombligo”, lamenta Yolanda.

Desde que ha decidido dejar de levantarse cada vez que su hijo llora, Yolanda duerme muchísimo mejor. “También lloro menos por las noches”, se sincera. El que no está durmiendo nada bien es su hijo, que se pasa las noches llorando desconsolado. “Hay que enseñarle el valor de la reciprocidad”, insiste la madre. “Tiene que aprender que no es el centro del universo”, añade.

“El siguiente paso será el tema de la comida, porque siempre cocino yo”, apunta la mujer.