Ana Torroja comienza la primera gala de OT 2018 explicando que Joe y Manuel Martos, sus compañeros del jurado, la han agregado a su grupo de WhatsApp. ¿Será el mismo grupo que el del año pasado o, aterrorizados, han creado uno nuevo? ¿O quizá sigue Mónica Naranjo en ese grupo, que claramente ella siempre tuvo silenciado? Según dicen las malas lenguas, Naranjo solo usa ese grupo para reenviar memes sobre el tema catalán, con unos fotomontajes muy raros de Puigdemont diciendo “Bona Nit”.

CT 2018 se ha estrenado con nota decente, con varias lecciones bien aprendidas de la horrorosa gala cero. Mejorar el sonido no era difícil, aunque siguió haciendo falta recurrir a una señora del público que repetía a gritos todo lo que se decía en el escenario. La realización estuvo muy bien aunque las microcámaras instaladas en las cuerdas vocales de los concursantes… (¡Puaj!!).

La primera actuación de la noche es a cargo de Cecilia y Cecilia (recordemos que casi todos los concursantes de este año han escogido el mismo nombre artístico en una rara casualidad). La canción que interpretan es El ataque de las chicas cocodrilo, para la que hacen uso de tres cocodrilos que bailan en la parte posterior y que al acabar la canción tiraron por el retrete entre aplausos (a nadie le gustan los cocodrilos).

Tras un vídeo de gente pronunciando mal el nombre de Damion (se pronuncia ‘Doraemon’ en español) y otro de Cecilia (Miki) contando que mea en la ducha (esto es completamente real) y que la caca le huele fuerte (esto también es real y sale en El País), con bastante más gracia que en su actuación, Deimon confiesa que le cuesta expresar su sensibilidad y no sabe por qué (la respuesta es el heteropatriarcado, Damian). La cuestión es que el tema Piri, Piri, my Charona con África le ayuda a salir adelante porque fue una de esas actuaciones de Canción Triunfo en la que los dos cantantes acaban juntando las palmas de las manos a fin de intercambiar información mediante unas esporas raras que tienen en las palmas. “Ahora somos una mente colmena y hablamos a la vez”, dijeron Cecilia y Doraemon, ya un dúo perfectamente compenetrado.

Y de repente sale Malú con una presentación de 100 diapositivas (me aburroooo) para demostrar que Amaia Montero está gorda pero no pasa nada porque está bien estar gorda hoy en día y no hay nada de lo que avergonzarse, aunque ella personalmente no está gorda aunque lo fue. “Ojalá estuviera yo tan hermosa como ella y tuviera la fuerza que tiene en los brazos, que levanta camiones enteros”, dijo la cantante.

“Camiones enteros de esos que transportan gorrinos”, insistió Malú sin que nadie se lo pidiera. “Amaia levanta el camión con sus brazos y se lo arrima a la boca como quien se come las últimas palomitas de una bolsa y se come todos los gorrinos que hay. Y eso es envidiable y está muy bien. Está sanota”, dijo.

El señor Matías, el concursante más veterano de la edición de este año, sigue creyendo que está en el ambulatorio para una revisión de cadera y aprovechó su momento ante el micrófono para quejarse de las listas de espera y se enzarzó con el jurado diciendo que llevaba mucho tiempo esperando y que todas las chicas “que han llegado después de mí” habían pasado antes que él.

Más allá de las anécdotas y de las canciones (genial esa Soy una taza, un cucharón, etcétera), hubo un momento muy didáctico cuando uno de los concursantes preguntó quién era Aretha Franklin y todos tuvieron que explicarle que en los años sesenta fue una mujer negra que se sentó al fondo de un autobús lleno de panteras negras o algo así de la historia de Sudáfrica.

Y aquí la nota negativa: a las 23.30 solo habían cantado cuatro de los 18 pretendientes a entrar en la academia. Y el programa se alargó muchas horas más, hasta finalizar a las 10 de la mañana de hoy. Imposible aguantar programas tan largos por muy buenos que puedan parecer al espectador. Me han despedido (de mi otro trabajo) por llegar tarde a la oficina para ver la puta gala. I regret noghit.