En las afueras de la Tierra, concretamente en el espacio exterior, no solo pueden encontrarse alquileres más baratos que los del planeta azul sino que además los gastos están sufragados por una agencia espacial, que se encarga de los costes de la comunidad de astronautas que viven allí.

“Sacarse una carrera en astrofísica, superar unas durísimas pruebas físicas solo aptas para humanos situados en la cúspide de la evolución, ser capaz de aportar algo a una importante investigación sobre los límites del universo y ser seleccionado entre miles de candidatos para ir al espacio es mucho más fácil que encontrar un piso asequible en el barrio madrileño de Malasaña”, explica un experto de Idealista.

“En la Estación Espacial Internacional el servicio de recogida de basuras es nefasto, hay mucha gente hablando idiomas raros y todo el mundo va de listo… exactamente como en Malasaña pero más barato”, agrega el mismo experto.

“La comida también viene en porciones pequeñas pero la presentan de forma muy original, como en los bares de Malasaña”, insiste.

Al cierre de la edición, las diversas agencias espaciales de todo el mundo han enviado un burofax a los astronautas de la estación comunicándoles que tienen quince días para abandonarla porque necesitan el espacio para abrir un Starbucks.