Goofy, el célebre perro de Walt Disney y uno de los mejores amigos de Mickey Mouse, ha sido “puesto a dormir” por la compañía después de que trascendieran unos mensajes “de considerable mal gusto” que el can publicó en su cuenta de Twitter en 2009. “Las actitudes ofensivas y mensajes descubiertos en la cuenta de Twitter de Goofy son indefendibles e inconsistentes con los valores de nuestro estudio, por lo que hemos tenido que sacrificarlo”, confirmaba esta mañana Alan Horn, CEO de Walt Disney, en un comunicado citado por “The Hollywood Reporter”.

En los mensajes el animal bromeaba con el protagonista de La Patrulla Canina, confesando que gracias a él se había quedado totalmente enganchado a la serie “concretamente por detrás”, amén de otras referencias sexuales que los sectores más conservadores han utilizado para forzar “un castigo ejemplar”.

“El personaje lo creó Walt Disney y decidió llamarlo Goofy, que significa ‘mentecato’, precisamente porque era irreflexivo y espontáneo, no podemos juzgar con los valores de hoy unos hechos que pertenecen al pasado”, protestaba una hiena de El Rey León a través de la cuenta de Facebook de Whoopy Goldberg, lamentando que hoy en día “haya que pensárselo dos veces antes de reír”. A las voces críticas se ha sumado también la de la princesa Frozen, que no dudó en pedir a Horn la liberación de Goofy el pasado lunes: “Suéltalo, qué más da, ya se descubrió, déjalo escapar”, exigía.

Ahora, todas las miradas se posan en el Pato Donald, pues la compañía norteamericana está intentando descifrar unos mensajes sospechosos que publicó en Twitter en 2015 sobre “fuazos flozezos floflafuzos” acompañados de la etiqueta “#MeToo”.