Cuatro semanas después de desaparecer en la vasta región de Siberia, Vladimir Putin compareció ayer en el Estadio Luzhniki sin camiseta, con la piel llena de cortes y con la Copa del Mundo en la mano. El presidente ruso, totalmente ensangrentado, alzó el trofeo hacia el cielo de Moscú ante el júbilo y la alegría de los miles de rusos concentrados en el estadio alrededor de las siete de la tarde, hora en la que Putin se autoproclamó campeón del mundo.

En el último mes, el político ruso se ha enfrentado a todo tipo de enemigos y peligros para poder hacerse con el Mundial. “Ha luchado contra equipos de osos utilizando sus manos desnudas”, relata un periodista deportivo del Komsomólskaya Pravda. “Ha aguantado la mirada a lobos salvajes y ha corrido detrás de ellos con la determinación que solo el líder de una manada puede tener”, añade. “Ha conquistado la gloria y ha matado a todos los enemigos del país con un estilo de juego muy vistoso”, recogen diversos medios rusos.

La memorable hazaña realizada por Putin le ha valido para el balón y guante de oro de la competición. “Ha sido el mejor atacante y el mejor defensor”, apuntan la mayoría de especialistas deportivos rusos. El presidente de la Federación Rusa se comprometió a ofrecer el mejor Mundial de Fútbol de todos los tiempos y, tras dejarse literalmente la piel en el campo, sin duda lo ha conseguido.

Ahora Vladimir Putin viajará hasta Mordor, donde intentará destruir la Copa del Mundo tirándola en los fuegos del Monte del Destino para alejar las sombras para siempre.