“Venga chicos, venga, que ya llegamos”. Con estas palabras intentaba animar ayer el espermatozoide 3.895 al resto de sus compañeros pese a llevar horas nadando sin encontrar el destino de su ansiado viaje hacia la fecundación. “Creo que por aquí ya hemos pasado, puede que estemos nadando en círculos”, reconocía la célula, ignorando completamente que se encontraba en el recto y que nunca llegaría a las trompas de Falopio.

“Día dos. Las tropas están desmoralizadas, algunos han dado media vuelta y se han separado del grupo, otros soldados navegan con la cola caída, sin esperanza”, escribía el espermatozoide en su diario de a bordo. “¿Es el óvulo un ser mitológico? ¿Una engañifa?”, se preguntaba él mismo.

En sus últimos minutos de existencia antes de ser expulsado hacia una muerte segura, la célula reproductora pudo divisar al fondo una sombra oscura que confundió con su objetivo. “¿Qué es esto? ¿Es el óvulo quizá? Se acerca a gran velocidad”, exclamó justo antes del impacto.