El personal de las pistas, las tiendas y las cafeterías de los aeropuertos está en pie de guerra por culpa de los horarios. Varios empleados han organizado esta semana diversas manifestaciones y paros para protestar por la obligación de tener que estar en su puesto de trabajo dos horas antes del comienzo de su jornada laboral.

Muchos camareros que entran a las seis de la mañana lamentan que tienen que estar en el aeropuerto a las cuatro, lo que les provoca trastornos en el sueño. “Pongo el despertador a las tres porque tardo una hora en llegar”, se sincera un camarero de la cafetería Caffe di Fiore, en el aeropuerto de Barcelona. “Un día me olvidé el pasaporte y no me dejaron ir al baño”, añade.

El tiempo en llegar al aeropuerto no es el único problema: los trabajadores también se quejan de que el aparcamiento les cuesta 30 euros al día, y los que van en taxi pagan 40 por la ida y por la vuelta. “Muchos de nosotros hemos tenido que pedir préstamos para poder seguir trabajando en el aeropuerto”, explican. Por si fuera poco, la mayoría de los empleados se gasta todo el sueldo en el zumo de naranja de la cafetería.

La situación de estos trabajadores contrasta con la del personal de las estaciones de Renfe, mucho más satisfechos, pues tienen la obligación de llegar varias horas tarde a sus puestos de trabajo.