Esta mañana, a Simón Jimeno, de 32 años, le empezó a sonar el teléfono a las diez de la mañana en su domicilio de Gondomar, en la provincia de Pontevedra. Una hora y media después, comprobó que se encontraba en la localidad portuguesa de Valença do Minho, a 21 kilómetros de su casa, y que había quedado séptimo en la cuarta edición de la media maratón de las Rías Baixas. “No soy capaz de hablar por teléfono sentado, tengo que moverme, pero no esperaba hacer un tiempo tan bueno”, explica orgulloso.

Fuentes cercanas a Jimeno aseguran que éste empezó a caminar por su habitación ya antes de responder a la llamada, y que a medida que la conversación se fue poniendo tensa, se empezó a alejar más y más de su casa. “Primero salí al pasillo, luego bajé las escaleras, y cuando me quise dar cuenta ya me estaban dando Aquarius en el puesto de avituallamiento”, se sincera. “Cuando mi madre me empezó a preguntar sobre mis hábitos alimenticios, ya me encontraba en la frontera”, explica.

Gracias a haber estado hablando por teléfono durante toda la carrera, la organización ha podido precisar el tiempo exacto que tardó en completar el trayecto. “Nos llamó la atención que corriera sin apartar su móvil de la oreja, pero gracias a eso su tiempo quedó muy bien registrado en el terminal”, afirman los organizadores. Vodafone ya se ha puesto en contacto con Jimeno y se ha ofrecido a patrocinar su próxima carrera a cambio de minutos gratis para hablar, lo que le ayudará a entrenar más.

Se calcula que el 90% de los “runners” españoles corren porque son incapaces de hablar por el móvil sentados. Muchos usuarios que hacen llamadas de larga distancia se acaban encontrando en un punto intermedio con el interlocutor antes de colgar. Debido a esto, algunas empresas como Orange se ven obligadas a cambiar de sede fiscal varias veces al día por culpa de sus teleoperadores, que caminan varios kilómetros por cada llamada que realizan.