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La Policía consigue infiltrar en Femen a un gordo con tetas

EL AGENTE HA TENIDO QUE DEJAR DE DEPILARSE

La Policía Nacional ha logrado infiltrar a uno de sus agentes en el mediático colectivo feminista Femen. Lo confirmaba esta mañana en su despacho el capitán de la Brigada de Información de Bruselas, que prefiere mantener el anonimato por el carácter secreto de la misión que dirige en estos momentos y que protagoniza Tom (nombre falso), un varón de 40 años y 122 kilos de peso.

“Tom ya había participado con nosotros en misiones de alto riesgo”, explica el capitán. “Pasó dos meses dentro de un grupo de mafiosos rusos con un micro oculto debajo de una de sus tetas. Sabíamos que, aunque sospechasen de él y le quitasen la camiseta, no iban a detectarlo. Por muy frío y calculador que seas, imagínate el ascazo de tener que coger una de esas mamellas para ver si hay algo debajo”, asegura.

Uno de los frecuentes cambios de look a los que Tom se somete por seguridad dio la idea para esta operación. “Llegó con una melena rubia, larga. Les juro que de escorzo parecía una gorda alemana. ¡Si hasta el sargento le propuso ir a tomar una copa!”, relata el capitán.

Los responsables de la misión no dudaron, pues, en preparar a Tom para entrar como agente encubierto en Femen. “Lo más complejo fue depilar la zona de… bueno, el trasero. Tom es un hombre bastante peludo y lo que tenía ahí era una mata de escándalo. Temíamos que descubriesen que era un hombre si aquella pelambrera se transparentaba a través de las bragas”, confiesa el policía.

Al preguntarle si no temían que pudiesen verle a Tom sus atributos masculinos, el capitán responde con absoluta tranquilidad: “Tiene tal barriga que ni se le ve. Y se lo digo yo que he compartido vestuario con él muchas veces”.

Para grabar y permitir la identificación de las líderes del grupo radical, Tom llevaba oculta una microcámara entre el pliegue de dos michelines. “Lo malo es que el cabrón está tan fofo que muchas veces las chichas le cuelgan más de lo debido y tapan el objetivo”, admite el agente.

Los miembros de la brigada temieron en una ocasión por la vida de Tom. Al principio se pensó que las feministas habían descubierto al topo y que iban a tomarse la justicia por su mano, aunque la realidad fue bien distinta. “Se iban a descolgar del Vaticano con pancartas y el arnés de Tom estuvo a punto de partirse por el peso. Casi aplasta a un obispo al caer”, asegura el capitán.

“Si les soy sincero, el plan está siendo un auténtico desastre», lamenta. “Le hemos dicho a Tom que aborte la misión pero se niega a volver. En un mes está viendo más tetas que en toda su vida», reconoce.

La última vez que se vio a Tom fue en una protesta proabortista en La Haya. Allí, sus tetas, con mensajes escritos en ellas, contoneaban tanto o más que las de cualquiera de sus compañeras.

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