El primer ministro griego, Alexis Tsipras, ha enviado una carta a las instituciones europeas como la nenita que es para dar el visto bueno a la mayoría de las condiciones de la oferta que rechazó el pasado viernes, a falta de algunas enmiendas.

“Ha sido decepcionante ver que se ha derrumbado, todos estábamos emocionados ante lo que pudiera pasar”, han explicado entre risas desde el Eurogrupo.

El resto de países europeos ha celebrado que Tsipras haya entrado en razón “tras pasarse llorando toda la noche porque es un mierdecillas sin palabra”. La carta ha sido entregada al Eurogrupo a primera hora de la mañana y probablemente la haya escrito mientras alguien le azotaba el culín y le llamaba “Susi”, según Europa.

“Gracias, Susi, por intentar transigir”, ha dicho Europa al mandatario griego.

“Co, co, co, co”, señala Europa

La carta está firmada, siempre según fuentes del Eurogrupo, con la sangre que le ha salido a Tsipras de sus propios genitales al cortárselos. “Supongo que primero se ha cortado la polla, luego ha escrito la carta y luego se ha puesto a ver ‘Las chicas Gilmore’”, ha declarado Italia.

“Espero que no se haya arañado con el papel, el pobrecito, que estas cosas deben de impresionarle un montón”, señala Bruselas.

“¿La pluma con la que ha firmado esto se la ha sacado del culo donde guarda las demás? Supongo que sí, porque se conoce que guarda una colección entera de plumas en su recto, en un escritorio que tiene allí”, ha especificado Francia.

“Me refiero al escritorio que guarda dentro del recto, porque le cabe. Le cabe en el recto un escritorio entero con silla y todo y de hecho probablemente haya escrito la carta desde allí, desde su propio recto, donde puede guarecerse él mismo”, ha matizado.

“En su propio ano cabe él mismo, de hecho es su despacho. Si no, no me explico lo de esta carta de maricón que ha enviado”, ha insistido Francia, advirtiendo a sus camaradas europeos de que “cuidado con la carta que podría oler a heces”.

Angela Merkel ha comunicado a Tsipras que, si alguna vez necesita abrir un bote de mermelada y no tiene fuerza, que le avise. “Y si le entra un bicho en el despacho, que no llore como una nena como seguramente hace, que voy yo y lo mato y luego le limpio los moquitos que le salen de tanto llorar”, ha dicho la canciller alemana.