“Ahora sí, hombre, ahora sí”, exclamaron ayer con alivio miles de ciudadanos que, desde hacía un tiempo, venían reclamando cambios en la forma de hacer política. Cambios que, finalmente, han tenido a bien concretarse en un logotipo del Partido Popular completamente renovado.

“Estábamos hartos de ellos y cada vez que aparecían en televisión sentíamos rechazo. Ahora sabemos por qué: había que cambiar el logo”, insiste uno de estos españoles que confiesa que votó a Podemos en las pasadas elecciones municipales “movido sobre todo por el tema del circulito lila, que al menos era nuevo y diferente”.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha respondido así con hechos y no con palabras a quienes le acusaban de no atreverse a remodelar a fondo el Ejecutivo. “Habíamos detectado el problema hace tiempo pero preferimos no adelantar nada hasta que el nuevo diseño estuviera terminado”, explicaba ayer el mandatario. “Es un logotipo distinto porque la sociedad es distinta”, añadía.

“Van a cambiar muchas cosas a partir de ahora”, anunció el vicesecretario general de Comunicación del Partido Popular, Pablo Casado. “Banderines, tarjetas de visita, cartelería… se acabaron los viejos estereotipos”, detallaba Casado.

El golpe de efecto ha descolocado a la oposición en bloque. “Es una nueva propuesta que se suma a los vientos de cambio que soplan en España. Habrá que esperar a que se defina, pero a priori es una buena noticia”, confesaba ayer el candidato de IU, Alberto Garzón, que tampoco descartaba la integración del PP en “Ahora en común”, la alternativa de los partidos con nuevos logotipos.

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, prefirió guardar silencio. La irrupción de este nuevo logo supone un duro varapalo para su estrategia política.

“Desde la Generalitat de Cataluña aplaudimos el gesto pero mientras no se renueve el diseño de la bandera de España el proyecto soberanista seguirá su curso”, apuntaba esta mañana Artur Mas.

“La sintonía del PP que no la cambien. Porque una cosa es dejar atrás los modelos que ya no funcionan en la actual democracia y otra muy distinta destruir las conquistas que tanto le han costado a una sociedad como la nuestra”, pedía ayer Miquel Roca, uno de los padres de la Constitución, incapaz de resistirse a tararear la conocida melodía.

Hace escasos minutos, el líder del PSOE, Pedro Sánchez, ha comparecido muy nervioso en la sede madrileña de Ferraz para anunciar “que a partir de ahora me llamo Fox. Fox es mi nombre y este símbolo de la llama representa el porvenir de la izquierda integradora y foxy que sentará las bases del futuro de nuestra nación”.