“Míralo, aún con la sombrita en el bigote. No tendrá más de quince años. Diecisiete como mucho”, declaraba esta madrugada el agente Alfonso S. de la Guardia Civil mientras examinaba al conductor de un BMW al que cazó en un tramo de la autovía de Extremadura (A-5), en el término municipal de Alcorcón.

Por el tipo de vehículo y el estilo de conducción, muy agresivo, Alfonso y su compañero David creyeron que se trataba de una pieza grande y que se llevarían un buen trofeo al calabozo. Por este motivo, los agentes sintieron cierta decepción al ver que se bajaba del deportivo “un enclenque pequeñín que apenas se tenía en pie porque el pobrecito iba muy drogado”.

“¿Quién te ha puesto aquí, pequeñin? Eres una cosita”, repetían los agentes en un tono paternal, mirándose entre sí y sabiendo que habría que devolver a la criatura al asfalto.

“Vuela, pequeño”, susurraron los agentes tras soltar a la presa

“Este no ha pisado una autoescuela en su vida. Le queda mucho por conducir aún. Igual lo cazamos de nuevo en unos años, ya grandote, y nos lo podemos llevar. Ahora es pronto”, concluyeron.

Antes de soltarlo y devolverlo a su hábitat natural, los guardias civiles se hicieron fotos con él “porque si contamos lo que nos hemos encontrado no nos van a creer. Un niño al volante de un coche de alta gama, sin papeles ni nada, es muy poco frecuente”.

Dándole unas palmaditas y sentándolo de nuevo en el asiento de cuero, los agentes vieron al niño alejarse a gran velocidad en dirección a San Martín de Valdeiglesias.

“Vuela, pequeño”, susurró Alfonso, satisfecho por su acto de responsabilidad pero, al mismo tiempo, frustrado al ver truncadas sus expectativas iniciales.